Siempre nos quedarán las  palabras

De todos tus amares y tus amaré

De todos tus amares y todos tus amaré, de todas tus promesas no cumplidas, de todas tus intenciones y no acciones, yo lloro lágrimas negras espesas por lo que pudo ser y en realidad fue.

Yo lloro lágrimas negras en las solitarias y míseras noches de luna menguante, me rasgo mis vestiduras de carne y piel, chillo enmudecida con mi ronca y hueca voz, me digo mil y una cosas que sé del cierto no sucederán y me arrepentiré de haber pensado que pudo haber otra alternativa en este mundo. Puede que en otro... en otro mundo similar a este la moneda hubiera caído del revés. Pero para qué pensar, para qué pensar en otra cosa que no sea en el paso que daré a continuación.

De todos tus amares y tus amaré, juro que no volveré a caer en el mismo foso de hiel.

Qué difícil es hablar

Tú no me entendiste y yo no te entendí, y en consecuencia ambos nos partimos por la mitad.

Qué difícil es hablar con palabras cuando éstas no quieren ser escuchadas, con imágenes cuando éstas no quieren ser entendidas o con gestos, cuando nos cegamos a abrir los ojos y ver más allá de lo que nuestro orgullo quiere ver. ¿Cuántas veces en que los sentimiento son expresados, éstos son incomprendidos, ignorados o ridiculizados por los demás? No me duele que ignorantes patanes o pedazos de carne con ojos de apariencia humana pero de cráneos vacíos no quieran escuchar, entender o ver. ¿Qué me importan ellos cuando es sólo a ti a quién te hablo y sólo eres tú el que debe entender? Tú, el único propietario de un diccionario llamado “único destinatario de mis palabras de amor”.

Miradas

Miradas que cautivan,
que desnudan,
que enamoran,
miradas que engloban un mundo entero de sentimientos y emociones,
emociones que te penetran hasta el alma
y te envuelven con un simple suspiro de sinceridad,
una sinceridad que se huele en el aire
y percibes en un rostro que sólo sabe de amor,
de amor y de pasión.

Tan imposible como perfecto.

Todo aconteció una calurosa mañana de julio, yo te amé y tú me amaste hasta que las nubes se disolvieron en el horizonte y desapareciste con las huellas del alba. El frío se levantó, unido a la desazón y el vacuo deseo por volverte a ver. Sólo que no eras de este mundo ni del de más allá, sino producto de un anhelo capaz de romper todas las reglas de la cuántica por tenerte aquí, frente a mí, en carne y hueso surgido de mi imaginación. Un amor tan imposible como perfecto.

National CPR Association

Sombras al atardecer

Trailer de la novela Sombras al Atardecer, colgada semanalmente en mi blog.

 

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 ¿QUIEN SOY?

Mi nombre es Lídia Gilabert y aquí dejo mis humildes creaciones, diseñadas con el mayor mimo y amor para el disfrute de todos los lectores.

 

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